lunes, 8 de octubre de 2007

Quién apagó la luz?

Llueve a cántaros, el portero repasa 1, 2, 3... 1, 2, 3... y vuelve a empezar. Por más que repita la cuenta cientos de miles de veces, no hay caso, los paraguas no se van a multiplicar. Hay pocos y hay que inventar una distracción, ahí es cuando Peter hace lo que mejor le sale: montar un show.

La gente pide taxis en medio del exodo masivo hacia La Rural; el mono chifla, mueve los brazos como paletero acomodador de aviones en Ezeiza, salta, se moja, insulta al que sigue de largo, se pelea con el chofer del 504 desvencijado que quiere entrar a pesar de no cumplir con la etiqueta que dicta el portero, hace dar marcha atrás a uno que se pasó de largo... Para el dermatólogo que viajó más de 10 horas para llegar a Buenos Aires, el espectáculo es un bálsamo para su vista. En unos momentos se someterá a una ola de imágenes de ronchas, verrugas, urticaria, ampollas y otras suculentas delicias que a cualquier mortal le harían regurgitar el desayuno buffet recién ingerido.

De repente, lo inesperado: un apagón. No es el primero, no será el último.

Imagino a los muchachos de la nueva empresa de security, pensando "por qué a nosotros?". Mientras los muchachos de Ingeniería salen corriendo en busca de la solución, empieza ese murmullo de inquietud entre los empleados. Al poco tiempo, se hace la luz! Impresionante. Menos mal que está el grupo electrógeno, eso sí, a no malgastar energía que no sabemos por cuanto tiempo puede ser el corte.

Imagínense como sería un hotel 5 estrellas, sin luz. Se queman los papeles: ahí es cuando te acordás que el último guests in house lo tiraste a las 4 de la mañana, que no hay forma de entrar al vestuario a menos que tires la puerta abajo, que no podés hacer una llave, pasar la aspiradora, contestar los 25 mails de muertos que te dejó el turno anterior, que son las 4 de la tarde y Ale Nuñez está esperando que vuelva la energía para imprimir el último reporte y ya se va a su casa.

Todo transcurre tranquilamente hasta que pfffffffffffff.... Se cortó de nuevo y ahora, estás en el horno. Pasó media hora. La gente bajando por las escaleras de seguridad para encontrar al peque al final del recorrido, cumpliendo su función de cicerone bonsai. Algunos, en su acelere, se tropiezan y juegan con el corazón de Pablito H. como el caso del amigazo Monti.
Muchas preguntas, pocas respuestas y demasiados métodos alternativos para iluminar a los huéspedes, lo único que falto usar fue una antorcha espanta-mosquitos.

Ocurre que tuviste que lidiar con una herencia algo compleja y la manguera del electrógeno se pinchó o algo así. Y bue... de todo se aprende.

Afuera sigue lloviendo a cántaros, pero a Peter no le importa nada, abajo del agua helada la está pasando mejor que nunca. Porque no hay nada que le guste más que esos momentos en que la incertidumbre reina, porque ahí más que nunca, es cuando tiene luz verde para continuar con SU SHOW!

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